
La actuación en directo de Las Vulpess en el programa "Caja de ritmos", de TVE2, un matutino sábado de 1983, con el legendario "Me gusta ser una zorra", acaba con la dimisión del presentador y director Carlos Tena, bajo la premisa de que no permite injerencias y censura en su trabajo, y con una gran alarma social en la cabeza de los bienpensantes, que culmina, como colofón final, con la querella criminal que presenta la Fiscalía del Estado contra el programa por ser "anticonstitucional".
Los ojos del público general, antes centrados de forma casi exclusiva en la capital, en bandas como Kaka deLuxe, Parálisis Permanente o Paraíso, se tornan hacia la olla a presión que suponía el pequeño pero bullicioso País Vasco, bajo el plan antiterrorista Z.E.N. y con un alto nivel de paro y crisis económica. Con toda seguridad, y dadas las trabas económicas disfrazadas de chanchullos políticos-sociales por todos conocidas que allí (y aquí) reinaban (y reinan), el lugar estatal donde más similitudes había con las condiciones dadas donde había eclosionado el punk en Inglaterra.
Más de un lustro cumplía ya el punk en España, cuando La Polla Records sacó al mercado este "Revolución", un álbum de difícil asimilación, (si quieres que el mensaje no sea una traba a la hora de escuchar música), que radicaliza teorías, y que es una buena muestra de por qué el punk murió en favor de grupos comerciales como Olé Olé... una prueba de por qué mucha gente prefería escuchar mensajes fáciles y ñoños, a canciones que cayeran en la terrible contradicción de justificar la violencia, en el craso error de generalizar todo lo que representase al Estado, de tomar todo lo que defendiera y/o custodiara las leyes, como enemigo. Sin faltarle razón en muchas de sus exposiciones, pero con el malestar que supone la agresión, la falta de respeto constante... la crítica a las modas, a la incompetencia policial y judicial, el odio a las jerarquías, la falsedad del estado capitalista y militar... hacen que buena parte de las letras resulten convincentes.
Lo ruín, es que todo ello sucedía a través de una feroz crítica al estado capitalista, mientras se vendían a discográficas para ganar dinero en lugar de, simplemente, tocar en las fiestas locales, y morirse de asco. Todo ello, vomitando sobre lo que oliese a católico, abrazando el dogma de la violencia y el fanatismo de E.T.A. Todo ello, despotricando contra todo lo que consideraban fascismo, mientras tanto defendían la libertad para los presos, sin importar el origen de su encierro. Todo ello, burlándose del patriota nacional, sin ver delante de sus narices que ellos también lo eran, defendiendo a la patética gentuza que discutía con una pistola bajo la mesa, procediendo a la ablación del derecho fundamental de todas las personas, que es la vida.
Simplemente, este tipo de rock radical, sufrió un autoencierro, una autoexclusión de la sociedad. Porque cayó en el insulto, en la protección y justificación de la violencia, que tanto disgusta a la gente de bien, quedando así recluido a pequeños sectores sociales, quienes, engañados por la falsedad del extremismo, se devanean en la fragilidad del pensamiento adolescente, mientras quedan a merced de movimientos y teorías fascistas, que no saben hacer otra cosa que acojonar con gritos, bombas y tiros en la nuca, mientras sonríen con sorna y miseria, con el consentimiento
del sistema político al completo.
Los ojos del público general, antes centrados de forma casi exclusiva en la capital, en bandas como Kaka deLuxe, Parálisis Permanente o Paraíso, se tornan hacia la olla a presión que suponía el pequeño pero bullicioso País Vasco, bajo el plan antiterrorista Z.E.N. y con un alto nivel de paro y crisis económica. Con toda seguridad, y dadas las trabas económicas disfrazadas de chanchullos políticos-sociales por todos conocidas que allí (y aquí) reinaban (y reinan), el lugar estatal donde más similitudes había con las condiciones dadas donde había eclosionado el punk en Inglaterra.
Más de un lustro cumplía ya el punk en España, cuando La Polla Records sacó al mercado este "Revolución", un álbum de difícil asimilación, (si quieres que el mensaje no sea una traba a la hora de escuchar música), que radicaliza teorías, y que es una buena muestra de por qué el punk murió en favor de grupos comerciales como Olé Olé... una prueba de por qué mucha gente prefería escuchar mensajes fáciles y ñoños, a canciones que cayeran en la terrible contradicción de justificar la violencia, en el craso error de generalizar todo lo que representase al Estado, de tomar todo lo que defendiera y/o custodiara las leyes, como enemigo. Sin faltarle razón en muchas de sus exposiciones, pero con el malestar que supone la agresión, la falta de respeto constante... la crítica a las modas, a la incompetencia policial y judicial, el odio a las jerarquías, la falsedad del estado capitalista y militar... hacen que buena parte de las letras resulten convincentes.
Lo ruín, es que todo ello sucedía a través de una feroz crítica al estado capitalista, mientras se vendían a discográficas para ganar dinero en lugar de, simplemente, tocar en las fiestas locales, y morirse de asco. Todo ello, vomitando sobre lo que oliese a católico, abrazando el dogma de la violencia y el fanatismo de E.T.A. Todo ello, despotricando contra todo lo que consideraban fascismo, mientras tanto defendían la libertad para los presos, sin importar el origen de su encierro. Todo ello, burlándose del patriota nacional, sin ver delante de sus narices que ellos también lo eran, defendiendo a la patética gentuza que discutía con una pistola bajo la mesa, procediendo a la ablación del derecho fundamental de todas las personas, que es la vida.
Simplemente, este tipo de rock radical, sufrió un autoencierro, una autoexclusión de la sociedad. Porque cayó en el insulto, en la protección y justificación de la violencia, que tanto disgusta a la gente de bien, quedando así recluido a pequeños sectores sociales, quienes, engañados por la falsedad del extremismo, se devanean en la fragilidad del pensamiento adolescente, mientras quedan a merced de movimientos y teorías fascistas, que no saben hacer otra cosa que acojonar con gritos, bombas y tiros en la nuca, mientras sonríen con sorna y miseria, con el consentimiento
del sistema político al completo.
"Dedicado a todo aquél que, en algún momento de su vida, ha aprendido que la violencia no lleva a ninguna parte, y que no es honroso intentar justificar lo injustificable. Una cosa es lo injusto, otra la provocación, y otra, la vileza, la insensibilidad, y el sadismo".



